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Liverpool tiene 20 títulos de liga en Inglaterra. Veinte, el mismo número que Manchester United, aunque la distribución temporal de esas coronas cuenta una historia radicalmente distinta. Dieciocho llegaron antes de que existiera la Premier League, en una época en que Anfield era sinónimo de dominio europeo y el campeonato inglés parecía reservado para los de rojo. Las dos restantes tardaron décadas en llegar: una en 2020, tras 30 años de sequía, y otra en 2025, bajo un entrenador que llevaba apenas unos meses en el cargo.
Esa asimetría —18 títulos en 72 años, luego dos en cinco— define al Liverpool tanto como sus noches europeas o el himno de Anfield. Es la historia de un club que fue el más exitoso de Inglaterra, dejó de serlo durante una generación entera y encontró el camino de vuelta por una ruta que nadie habría previsto. Entender cuántas Premier League tiene el Liverpool exige mirar mucho más atrás de 1992.
18 títulos de First Division: el reinado de Paisley y Shankly
Bill Shankly llegó a un Liverpool de Segunda División en 1959 y, en menos de una década, lo convirtió en el club más temido de Inglaterra. Ganó tres ligas, dos FA Cups y sentó las bases de una cultura institucional que sobreviviría a su marcha. La frase que resume su filosofía —«el socialismo del fútbol», como él mismo lo llamaba— no era solo retórica: implicaba un modelo donde el colectivo siempre pesaba más que el individuo y donde cada jugador asumía responsabilidad por el compañero.
Cuando Shankly se retiró en 1974, su sucesor Bob Paisley no solo mantuvo el nivel: lo elevó hasta un punto que el fútbol inglés no había conocido. Paisley ganó seis campeonatos de First Division en nueve temporadas, además de tres Copas de Europa, un palmarés que convertiría a cualquier técnico en el más laureado de la historia del fútbol inglés si no fuera porque Ferguson apareció después. El famoso boot room —una habitación junto al vestuario donde los técnicos discutían táctica y analizaban rivales— funcionaba como un laboratorio de conocimiento compartido. Cada entrenador heredaba al siguiente no solo la plantilla, sino el método.
Joe Fagan ganó la liga, la Copa de Europa y la Copa de la Liga en su única temporada completa (1983/84), un triplete doméstico que no se ha repetido. Pero la tragedia de Heysel en 1985 y la posterior exclusión de los clubes ingleses de las competiciones europeas marcaron el inicio del declive. Kenny Dalglish ganó tres ligas más como jugador-entrenador y luego como técnico, incluida la de 1989/90 —la última antes de la creación de la Premier League—, pero el desastre de Hillsborough en 1989 dejó cicatrices que trascendían lo deportivo. Cuando la liga cambió de nombre y de formato en 1992, Liverpool ya no era el club dominante que había sido. Los 18 títulos de First Division quedaron como un patrimonio imponente y, durante tres décadas, como un recordatorio de lo que faltaba por recuperar.
Klopp 2019/20: la espera de 30 años
La espera duró exactamente 30 años. Desde la liga de Dalglish en 1990, Liverpool pasó por Souness, Evans, Houllier, Benítez, Hodgson, Dalglish de nuevo, Rodgers y, finalmente, Jürgen Klopp. Algunos se acercaron —Benítez ganó una Champions League en 2005, Rodgers lideró la tabla a falta de tres jornadas en 2014—, pero el título de liga se resistía con una terquedad que alimentaba el folclore rival y la frustración propia. El desliz de Gerrard contra el Chelsea en abril de 2014, cuando un resbalón en el centro del campo derivó en gol y descarrilamiento, se convirtió en el símbolo más doloroso de esa maldición.
Klopp transformó el equipo en tres fases. Primero, instaló el gegenpressing como identidad: presión alta, transiciones fulminantes, intensidad física que desgastaba a cualquier rival. Segundo, fichó con una exactitud milimétrica: Salah, Van Dijk, Alisson, Fabinho, cada uno una pieza que resolvía un problema concreto. Tercero, y quizá lo más importante, devolvió la creencia. Anfield volvió a ser un lugar donde los partidos se ganaban antes de empezar, y la conexión entre grada y césped recuperó una intensidad que no se sentía desde los años ochenta.
La temporada 2018/19 fue el ensayo general: 97 puntos y un solo partido perdido en toda la liga, pero el City de Guardiola respondió con 98 y se llevó el título por un margen que resultaba casi insultante. Esa derrota, en lugar de hundir al equipo, lo endureció.
La temporada 2019/20 fue demoledora. Liverpool acumuló 99 puntos y perdió un solo partido en toda la liga. El título se confirmó con siete jornadas de antelación, el más tempranero en la historia de la Premier League en aquel momento. Pero la celebración quedó atenuada por la pandemia: el trofeo se levantó en un Anfield vacío, sin los miles de aficionados que habían esperado tres décadas para presenciar ese instante. Fue un campeonato histórico y, al mismo tiempo, extrañamente incompleto.
Slot 2024/25: la segunda estrella de la era Premier
Cuando Klopp anunció su marcha al final de la temporada 2023/24, la reacción mayoritaria fue de incertidumbre. Liverpool había terminado tercero, lejos del City campeón, y el sustituto elegido —Arne Slot, procedente del Feyenoord— carecía de la experiencia en ligas de élite que parecía exigir un vestuario de ese calibre. Lo que siguió desafió todos los pronósticos.
Slot no intentó replicar a Klopp. Redujo la intensidad del pressing, apostó por la posesión en campo contrario y reorganizó el centro del campo con un pivote más posicional. El equipo pasó de ganar partidos por asfixia física a ganarlos por control territorial, y los resultados llegaron casi de inmediato. Salah, liberado de parte de la carga defensiva, firmó su mejor temporada en cifras absolutas. Liverpool cerró la temporada 2024/25 con 84 puntos, 86 goles a favor y solo 41 en contra, asegurando el campeonato a falta de cuatro jornadas.
Lo que hizo Slot fue, en esencia, demostrar que el éxito de Liverpool no dependía de la personalidad de un solo hombre. Klopp era irreemplazable como figura emocional, pero el tejido competitivo del club —estructura de scouting, cultura de vestuario, exigencia de la grada— resultó ser más sólido que la suma de sus partes. La transición funcionó porque Slot entendió que no necesitaba ser Klopp; necesitaba ser la versión más eficiente de sí mismo.
El verano posterior fue igual de ambicioso. Liverpool invirtió 442 millones de libras en fichajes, una cifra récord para un solo club en una ventana de traspasos de la Premier League, con Wirtz e Isak como piezas centrales del proyecto. El mensaje era claro: Slot no había llegado para gestionar un legado, sino para construir uno propio.
Con ese segundo título de la era Premier, Liverpool igualó los 20 campeonatos de liga del Manchester United. Una cifra que Anfield esperó generaciones enteras para alcanzar y que ahora, con una plantilla renovada y un técnico en pleno ascenso, podría dejar de ser un techo para convertirse en un punto de partida. Si Shankly puso la primera piedra y Paisley levantó el edificio, Klopp lo restauró y Slot tiene la oportunidad de añadirle un piso más. Cuántas Premier League tiene el Liverpool es una pregunta que, por primera vez en décadas, mira más hacia adelante que hacia atrás.
