Blackburn Rovers campeón 1995: el título de Jack Walker

Cómo el Blackburn de Shearer y Walker ganó la Premier League 1994/95 y qué pasó después.

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En la historia de la Premier League, solo siete clubes han levantado el trofeo. De esos siete, Blackburn Rovers es el que menos espacio ocupa en la memoria colectiva. Su título en 1994/95 llegó en la tercera temporada de la Premier League, antes de que la competición se convirtiera en el producto global que es hoy —antes de Sky Sports como fenómeno de masas, antes de los fichajes de cien millones, antes de que el fútbol inglés se exportara a 189 países—. Su declive posterior fue tan rápido que la corona parece pertenecer a una época distinta, casi a otro deporte. Pero Blackburn Rovers campeón 1995 no es una nota a pie de página; es el primer caso de la era Premier en el que la inversión de un solo hombre transformó a un club modesto en campeón de Inglaterra.

Ese hombre era Jack Walker, un industrial de Blackburn cuya fortuna —estimada en unos 600 millones de libras— fue el motor de una aventura deportiva que, durante tres temporadas, puso a Ewood Park en el mapa del fútbol europeo. Veinte años después de aquel título, Manchester United y Liverpool comparten la cima del palmarés con 20 títulos de liga cada uno. Blackburn sigue teniendo exactamente uno, y todo indica que seguirá así durante mucho tiempo.

Jack Walker: el mecenas que apostó por Blackburn

Walker compró el Blackburn Rovers en 1991, cuando el club militaba en la antigua Second Division —el equivalente a la actual Championship—. Su primera decisión fue contratar a Kenny Dalglish como entrenador, un nombre que aportaba credibilidad inmediata: Dalglish había ganado tres ligas con el Liverpool como jugador-entrenador y conocía el fútbol inglés mejor que casi nadie.

Lo que siguió fue una inyección de capital que, ajustada a la inflación, resulta modesta comparada con lo que Abramovich haría en el Chelsea una década después, pero que en el contexto de principios de los noventa representaba una apuesta desproporcionada. Walker financió los fichajes de Alan Shearer (por 3,3 millones de libras al Southampton, récord británico en aquel momento), Chris Sutton, Tim Flowers y una docena de jugadores que convirtieron al Blackburn en candidato al título en apenas dos temporadas. La inversión total durante esos años se estima en más de 30 millones de libras, una cifra que hoy no cubriría el salario anual de un mediocampista titular en cualquier club del Big Six.

La diferencia entre Walker y los magnates que le sucedieron era el vínculo emocional. No era un inversor extranjero buscando rentabilidad ni un oligarca diversificando activos: era un hombre nacido y criado en Blackburn que quería ver ganar a su equipo antes de morirse. Esa motivación, por sentimental que pareciera, se tradujo en decisiones deportivas coherentes: un solo entrenador, una plantilla construida en torno a dos o tres jugadores clave, y una estructura que priorizaba el resultado inmediato sobre la sostenibilidad a largo plazo. En una liga cuya media de asistencia actual ronda los 40.421 espectadores, Ewood Park —con una capacidad de 31.000 y un lleno habitual durante aquellos años— era un fortín íntimo donde la ambición de Walker se hacía tangible cada sábado.

Shearer y Sutton: la dupla que aterró a Inglaterra

La temporada 1994/95 de Blackburn se resume, en gran medida, en la eficacia de una sociedad ofensiva. Alan Shearer marcó 34 goles en liga; Chris Sutton, fichado del Norwich por 5 millones de libras en el verano previo, sumó 15. Entre los dos anotaron 49 de los 80 goles del equipo, una dependencia que sería alarmante en cualquier análisis táctico moderno pero que, en aquel contexto, resultó decisiva.

Shearer era, sencillamente, el mejor delantero centro de la Premier League en su generación. Cabeceaba como un defensa central, remataba con ambas piernas y tenía un instinto para posicionarse en el área que ningún entrenador podía enseñar. A los 24 años ya había ganado dos Botas de Oro consecutivas de la liga y había rechazado ofertas del Manchester United y del Real Madrid para quedarse en un club que, sobre el papel, no podía competir con ninguno de los dos.

Sutton, por su parte, aportaba el complemento perfecto: juego de espaldas, asociación en tres cuartos de campo y una capacidad para atraer marcas que liberaba a Shearer de la presión defensiva constante. La dupla SAS —Shearer and Sutton, como la bautizó la prensa— fue el argumento ofensivo de un equipo que no necesitaba dominar la posesión ni desplegar un fútbol vistoso; necesitaba llegar al área rival y rematar, y en eso era el mejor de Inglaterra. A su alrededor, jugadores como Tim Sherwood, Graeme Le Saux y Henning Berg cumplían funciones específicas con una eficacia que compensaba la falta de profundidad de banquillo.

El título se decidió en la última jornada. Blackburn perdió 1-2 contra el Liverpool en Anfield, pero el United —su único rival— empató contra el West Ham, y la diferencia de puntos acumulada fue suficiente. Los jugadores del Blackburn celebraron el campeonato en el vestuario visitante de un estadio ajeno, sin la euforia de un gol de último minuto ni la imagen de un capitán levantando el trofeo ante su público. Fue un título ganado con los dientes apretados, no con los brazos abiertos.

Después del título: descenso y olvido

Lo que ocurrió después del campeonato de 1995 explica por qué Blackburn Rovers apenas aparece en las conversaciones sobre los grandes de la Premier League. Dalglish dejó el banquillo en 1996 para asumir un rol directivo; su sucesor, Ray Harford, no consiguió mantener al equipo entre los cuatro primeros. Shearer se marchó al Newcastle en 1996 por un récord mundial de 15 millones de libras, y con él se fue el principal argumento competitivo del club.

Jack Walker murió en agosto de 2000, en la isla de Jersey. Sin su inversión personal y su presencia como motor emocional del proyecto, Blackburn se sostuvo unos años más gracias a la inercia financiera y a la gestión de Graeme Souness, que logró una Copa de la Liga en 2002, pero la tendencia era descendente. La familia Walker vendió el club al grupo indio Venky’s en 2010, una operación que resultó desastrosa: nuevos propietarios sin experiencia en el fútbol, decisiones erráticas y una desconexión total con la comunidad local. En 2012, el club fue relegado a la Championship. En 2017 cayó a la League One, la tercera categoría del fútbol inglés. La distancia entre levantar la Premier League y jugar en la tercera división se recorrió en veintidós años, un arco narrativo que, por su brutalidad, hace que el título de 1995 parezca aún más irreal.

Blackburn Rovers campeón 1995 es, en última instancia, una historia de lo que el dinero puede lograr cuando se combina con pasión genuina y de lo que la ausencia de ambas cosas produce cuando desaparecen. Walker financió un sueño; cuando el sueño se acabó, el club volvió a ser lo que había sido antes. La corona sigue ahí, en la vitrina de Ewood Park, como prueba de que una vez, durante una temporada, un club pequeño fue el más grande de Inglaterra.