Leicester City campeón 2016: la sorpresa de 5000 a 1

La historia del Leicester campeón 2016: probabilidad real del 0,004%, salarios de £57M y el cuento de hadas.

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En mayo de 2016, Leicester City ganó la Premier League. La frase, escrita así, parece un error tipográfico. Un club que había empezado la temporada anterior peleando por no descender a la Championship terminó levantando el trofeo más codiciado del fútbol inglés, y lo hizo con una plantilla cuyo coste era inferior al de cualquiera de los suplentes de sus rivales directos. Leicester City campeón 2016 no es solo un resultado deportivo; es un evento estadístico que desafía los modelos predictivos del deporte profesional.

Las casas de apuestas ofrecieron cuotas de 5.000 a 1 antes del inicio de la temporada 2015/16. Para dimensionar la cifra: encontrar al monstruo del lago Ness tenía mejores probabilidades según los mismos corredores. Los análisis posteriores demostraron que incluso esas cifras subestimaban la improbabilidad del desenlace. Lo que ocurrió entre agosto y mayo de aquel curso no se explica con tácticas ni con presupuestos. Se explica con una alineación de circunstancias tan precisa que intentar replicarla sería como intentar ganar la lotería comprando el mismo número dos veces.

0,004%: la probabilidad real según Oxera

Las cuotas de 5.000 a 1 fueron la cifra que se hizo viral, pero no eran las más precisas. Un estudio de Oxera Consulting, publicado poco después del título, calculó la probabilidad real utilizando datos de Deloitte sobre masas salariales y posiciones finales de los clubes de la Premier League entre 2002 y 2015. El resultado: 0,004%, lo que equivale a cuotas justas de 25.000 a 1. Los corredores de apuestas, irónicamente, habían sido generosos.

Gary Lineker, exjugador del Leicester y presentador de la BBC, lo resumió con una frase que capturaba el asombro colectivo: «You could have given me 10 million to one and I’d have said Nah, it’s a waste of a quid». No era hipérbole. El modelo de Oxera mostraba que, en la liga inglesa moderna, la correlación entre masa salarial y posición final es tan fuerte que un equipo con el presupuesto de Leicester tendría que jugar miles de temporadas para ganar una sola vez.

Lo que el modelo no podía capturar era el factor humano. Claudio Ranieri, un técnico al que nadie consideraba de élite —había sido despedido como seleccionador de Grecia tras perder contra las Islas Feroe—, eligió un once titular y apenas lo modificó en todo el campeonato. Once jugadores que se sabían limitados individualmente pero que, como unidad, ejecutaban un plan táctico sencillo con una disciplina que los equipos más caros no podían igualar. El 4-4-2 de Ranieri era un anacronismo en una liga dominada por sistemas más complejos, pero funcionó porque cada jugador conocía exactamente su rol y no intentaba hacer más de lo que se le pedía.

El plan era deliberadamente primitivo: defender con dos líneas de cuatro compactas, dejar que el rival tuviera la posesión y golpear en transiciones rápidas a través de Vardy. Kanté cubría el espacio entre defensa y mediocampo con una capacidad de recuperación que parecía sobrenatural. Drinkwater distribuía. Mahrez desequilibraba. Y Vardy corría. Corría más que cualquier delantero de la liga, y lo hacía a los 29 años, una edad en la que la mayoría de los velocistas ya han perdido un paso.

De la lucha por el descenso al título: mes a mes

La temporada 2014/15 de Leicester terminó con una salvación milagrosa: siete victorias en las últimas nueve jornadas sacaron al equipo de la zona de descenso cuando todo parecía perdido. Nigel Pearson fue destituido en junio pese a esa hazaña, víctima de una serie de incidentes extradeportivos que erosionaron su relación con la directiva, y Ranieri llegó como sustituto en julio de 2015. La prensa inglesa recibió el nombramiento con escepticismo abierto. El Sun lo llamó «the wrong man». Gary Lineker, hincha del Leicester de toda la vida, admitió que las expectativas no podían ser más bajas.

Septiembre y octubre desmintieron los pronósticos. Leicester sumó 16 de 18 puntos posibles entre la segunda y la séptima jornada, con Vardy marcando en partidos consecutivos —una racha que llegaría hasta once, igualando el récord de la Premier League—. Mahrez, fichado del Havre por 450.000 libras, empezó a jugar como si costara cuarenta veces más: regates, asistencias, goles desde fuera del área. El argelino terminaría la temporada con 17 goles y 11 asistencias, números de un jugador franquicia.

Diciembre y enero fueron el punto de inflexión. Leicester venció al Chelsea de Mourinho 2-1 el día de navidad —un resultado que contribuyó al despido del portugués— y al Tottenham y al Manchester City en enero. Para febrero, los foxes lideraban la tabla y el resto de la liga empezó a tomarlos en serio. Demasiado tarde.

Marzo trajo el único momento real de duda: una derrota contra el Arsenal y un empate contra el West Brom en la misma semana sugirieron que la presión podía desmontar al equipo. Pero Vardy y Kanté respondieron con actuaciones que cerraron la puerta a cualquier crisis. Abril fue impecable: cuatro victorias en cuatro partidos. Y el 2 de mayo, cuando el Tottenham empató 2-2 contra el Chelsea en Stamford Bridge, Leicester City fue declarado campeón de la Premier League con dos jornadas de antelación. Ranieri lloró en la rueda de prensa. Media Inglaterra lloró con él.

£57 millones de salario vs. £200 millones del top-4

La dimensión económica del título de Leicester es tan extraordinaria como la deportiva. Según los datos recopilados por Oxera a partir de las cifras de Deloitte, la masa salarial de Leicester en 2015/16 rondaba los 57 millones de libras. La media de los cuatro primeros clasificados habituales superaba los 200 millones. Leicester gastaba en sueldos menos de lo que algunos clubes pagaban por un solo fichaje.

El once titular más utilizado por Ranieri esa temporada costó en total aproximadamente 30 millones de libras en traspasos. Kanté llegó del Caen por 5,6 millones; Vardy fue firmado del Fleetwood Town, entonces en la quinta división, por 1 millón; Mahrez, como ya se ha mencionado, por 450.000 libras. Eran jugadores que el mercado había descartado o ignorado, reconvertidos en campeones por un sistema que maximizaba sus virtudes y ocultaba sus carencias.

El impacto financiero del título fue inmediato. Leicester ingresó más de 93 millones de libras en premios de la Premier League y derechos televisivos, y las pérdidas estimadas de las casas de apuestas superaron los 25 millones de libras en todo el Reino Unido. La clasificación para la Champions League 2016/17 abrió una fuente de ingresos adicional que permitió al club fichar a Slimani y Musa, aunque ninguno de los dos replicó el nivel de los héroes de la temporada mágica.

El verdadero legado económico fue más sutil: demostró que la Premier League, pese a su creciente polarización financiera, seguía siendo una competición en la que el mérito deportivo podía, en circunstancias excepcionales, imponerse al capital. Lo que vino después —Ranieri despedido en febrero de 2017, Kanté vendido al Chelsea, Mahrez al City— confirmó que el milagro fue exactamente eso: irrepetible por definición. Leicester City campeón 2016 sigue siendo la prueba más convincente de que el cuento de hadas, aunque estadísticamente improbable, no es imposible.